la mujer que arrojaba objetos

La anciana invisible que nunca sería olvidada

“Está loca”, decía un joven serio. “Podría matar a alguien”, lamentaba una señora que se encontraba a apenas un par de metros de distancia. “Vivirá sola”, se compadecía una chica con resignación. “¡Pobres vecinos!”, exclamaba una adolescente mientras sonreía a su pandilla.

Los chismorreos se encadenaban entre cruces de miradas sorprendidas. El jolgorio que anticipaba el encendido de la iluminación fallera se interrumpió, como cuando el terremoto aéreo final de una mascletà llega precedido de unas décimas de segundo de silencio que permiten asimilar el terremoto terrestre recién sentido. Y entonces un vertido de agua exasperó de nuevo a quienes asistían atónitos a aquel comportamiento de la anciana vecina.

Los fragmentos de los objetos arrojados al vacío se empapaban al tiempo que los más curiosos desafiaban la ira de aquella mujer y se acercaban con cautela para tratar de identificarlos: ¿una botella?, ¿un recipiente rellenado con algún material más solido?, ¿detergente?… “¡Quién sabe qué es eso, pero tiene pinta de poder hacer daño si te dan con eso!”, sentenciaba una madre al tiempo que apartaba con un brazo protector a su hijo pequeño.

No ha vuelto a ser lo mismo caminar por esa acera para entrar en el supermercado. Como cuando alguien que hasta ahora había pasado desapercibido de repente se manifiesta ante los ojos de todos y reivindica su presencia con una fuerza que impide que alguien mire a otro lado. Ya es difícil pasar por debajo de su balcón y no alzar la mirada a la espera de no encontrarla allí. Y, aunque no esté, uno pasa rápido ante el temor de recibir el golpe de algún objeto que caiga a la calle como en aquella noche de fallas.

Pero de repente todo vuelve a su estado inicial y el temor se desvanece. Un aséptico cartel indica que esas paredes que acogieron durante un tiempo a aquella enigmática anciana están a disposición de quien quiera hacerlas suyas. Y tras leerlo uno se da cuenta de que no todo vuelve a su origen. ¿Acaso antes no pasaba uno por allí como por cualquier otro sitio de la ciudad? ¿Y ahora? Ahora, aunque ya no esté ella, es inevitable mirar hacia donde un día decidió mostrarse al mundo para que en días como hoy el mundo la recordara.

2015 05 14 el fotón Ramón

Un día histórico para el fotón Ramón

Como cuando un viaje se eterniza en carretera por una recta inacabable a una velocidad constante. Así se sentía el fotón Ramón, harto de que todos le tomaran por loco por sus ansias de cambio. “¿De verdad nadie va a hacer nada por dignificar nuestra existencia?”, se preguntaba. Por respuesta recibía el silencio permanente que reinaba en su oscuro sendero.

El fotón Ramón no entendía por qué había tantas ambigüedades a la hora de definir a los que eran como él. Qué ridículo era aquel debate entre el todo y la nada, entre el blanco y el negro, entre si podían considerarse partículas u ondas. ¿Acaso no podían sentirse orgullosos y felices siendo como eran, fueran como fueran?

Su vida era un incesante caminar sin rumbo, a expensas de que algún objeto abandonado por esos seres corpóreos tan raros le hiciera rebotar o desviar su trayectoria. Aun así, sabía que seguiría desplazándose sin más pretensión que la de volver a ser el objeto de alguna reacción o voluntad ajena. Y por ello se lamentaba. Y por ello seguía maldiciendo su existencia. Pero entonces ocurrió.

Toda aquella energía acumulada durante un tiempo incalculable pero lleno de hartazgo le hizo sentir que se hinchaba. Por primera vez tuvo la sensación de sentirse a sí mismo, de tener un cuerpo del que era dueño y que podía dirigir hacia donde deseara y cuando quisiera. De tener una energía que podía manifestar solo con pretenderlo. Y entonces deseó y quiso.

El fotón Ramón supo que era el momento de hacer algo histórico, de ser el referente que muchos como él habían necesitado, aunque tal vez no hubieran sido conscientes de ello. Elevó su presencia hasta que fue advertido por el resto y entonces tomó impulso y los guió hacia un lugar en el que dejarían de ser meros agentes pasivos y se convertirían por fin en protagonistas. Nunca podrían olvidar aquel día.

Casi 150 años habían transcurrido desde que la ciudad registraba todas las mediciones de temperatura y nunca antes se había alcanzado en una fecha tan temprana un calor tan intenso. La luz cegaba a aquellos seres corpóreos que sudaban mientras se preguntaban si algún día alguien podría inventar la fórmula para dignificar su existencia evitando tanto calor. Y el fotón Ramón se sintió orgulloso, una vez más, de ser lo que era.

urna

Valencianizando el CIS

Es cuestión de tamaño. Si el escaparate es ambicioso habrá más para mostrar y muchos más visitantes; si lo reducimos no habrá tantos ojos para verlo ni tanta exposición. Con la información en clave valenciana ocurre lo mismo. Se salvan los medios locales, que se esfuerzan meritoriamente por ofrecer datos ajustados a los intereses de sus espectadores. Mientras, desde Madrid, parece que solo hay una candidata del PP a una alcaldía y otra de Podemos que, curiosamente, también opta a gobernar ese mismo ayuntamiento.

Con los datos del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), probablemente los más esperados cada vez que se acerca una cita electoral, los medios estatales realizan una traducción apenas valencianizada en casos tan extremos como infrecuentes.

Nos perdemos así la posibilidad de conocer si los valencianos valoramos el estado de nuestro territorio hoy en día mejor o peor que lo hacíamos justo hace ahora cuatro años. Entonces nos quejábamos bastante; pero ahora, mucho más.

 CIS 1115 situación general

También nos perdemos la posibilidad de comparar a nuestro actual president de la Generalitat, Alberto Fabra, con su predecesor, Francisco Camps. Si ahora estamos saliendo de la crisis o incluso afianzando la recuperación lo lógico es pensar que nuestro último líder ha hecho un trabajo mejor que el anterior, quien ejerció el cargo en su etapa final durante los momentos más duros de la crisis. Todo lo contrario, según reflejamos los ciudadanos en el último estudio del CIS:

CIS 1115 valoración legislatura

Son estos los datos más fiables, porque si nos vamos a la estimación de voto siempre bailan los resultados finales de las jornadas electorales. Los partidos mayoritarios suelen perder parte del voto estimado, mientras que los minoritarios no saben a qué atenerse. Esta fue la diferencia entre lo estimado por el CIS y lo que ocurrió en las elecciones autonómicas de 2011:

CIS 11 vs elecciones autonómicas

Y algo muy parecido sucedió con las elecciones municipales en la ciudad de Valencia. Así se transformó la estimación de voto del CIS en los resultados finales con el 100 % del voto escrutado:

CIS 11 vs elecciones municipales

De nuevo este año el CIS ha dicho su última palabra. Aquí estaremos la noche de la jornada electoral del 24 de mayo para analizar si esta vez el acierto ha sido mayor o menor que hace cuatro años.