La entrevista que nunca pude hacer

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Pagaría por poder hacer esa entrevista y sueño con poder hacerla algún día. Sin embargo sé que nunca tendré esa oportunidad, salvo que en sueños consiga recrearla. Veinte años me separan de esos ojos vidriosos incapaces de echar la mirada atrás sin el dolor por la felicidad ganada a pulso o sin el placer de la tristeza superada a palos.

“¿Crees que hay que reconstruir la historia con relatos de ficción para demostrar nuestra madurez?” Y estoy seguro de que me respondería que no, dejando caer previamente, por supuesto, su habitual “¡Válgame Dios!”. ¿Qué opinaría sobre la versión ficticia de aquella pesadilla del 23 de febrero de 1981 ese hombre que cumplió la treintena viendo morir a decenas de compañeros en el campo de batalla y que estrenó los 74 aterrorizado por un pasado que amenazaba con volver de forma implacable?

“¿Crees que hay que olvidar los delitos y los pecados de quienes te tuvieron en vilo día tras día y noche tras noche durante muchos meses convenciéndote de que ibas a ser ejecutado por no pensar como ellos?” Y probablemente me diría que el perdón no se puede imponer, aunque sea recomendable y generoso. Al mismo tiempo añadiría que la dignidad de las víctimas no se respeta con la disculpa, ni su memoria se repara con el olvido. Y seguramente afirmaría que aquellos que mataban a cara descubierta, a diferencia de sus descendientes ideológicos, al menos tenían el coraje de no esconder su verdadera esencia. 

Si pudiera pedir un deseo apenas pediría una tarde a solas con él, sentado enfrente de su mecedora en medio de ese humo tan desagradable que exhalaba tras cada calada. Y entonces ya no me importaría sufrir ese olor a tabaco rancio a cambio de poder escucharle durante unas horas. Solo le interrumpiría para mostrarle mi admiración y mi respeto, por lo que fue y por lo que consiguió; por lo que sufrió y por lo que enseñó. Daría una parte de lo que me queda de vida por preguntarle; no tanto sobre qué hay tras la muerte, sino sobre su análisis de su paso por la vida.

Hace veinte años que me dejó y aún hoy sigo pensando en el aura de mi abuelo, un hombre con ideales y dignidad, de esos a los que el poder no te permite entrevistar. ¡Cuánto le echo de menos!

 

* Imagen: estrella de comisario de batallón (enero, 1939) | Juan Manuel Valverde Ruiz

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4 comentarios en “La entrevista que nunca pude hacer

  1. Entiendo bastante bien tu añoranza , tu deseo de acercarte a tu abuelo de quien conservas una bella imagen . Yo estoy en la “ultima edad” pero también convivi con familiares , en mi caso de uno y otro bando, y reconozco la intención sana en unos y otros . Al fin , mandados;
    piensa que las guerras las organizan los interesados en ellas, no el pueblo llano que las sufre.
    J.L.Q.

    • Es un sentimiento mutuo, Cada Día, y supongo que lo comparten miles de personas más. Afortunadamente se puede atenuar con otras historias de gente que sobrevivió a esa guerra o que dejó escritos relatos que ahora nos permiten revivir esa parte de nuestra historia. Te recomiendo ‘Ayer No Más’, de Andrés Trapiello (2012).
      Gracias por tu tiempo y bienvenido a mi blog.
      Un saludo. J. David.

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