Cuando regreses

“Solo espero que tú, como yo, todavía te mueras por estar conmigo y te falte el aire cuando yo te mire, todavía te rías de mis tonterías y que aún me sientas parte de tu vida (…) Solo espero que tú, como yo, sigamos enamorados”.

Cuando Regreses, Santiago Cruz.


Regresó y nada era igual. Buscaba el amor de los suyos y no encontró más que miradas cargadas de recriminación. ¿Por qué tanto tiempo?, ¿por qué tan lejos?, ¿por qué ya nada era igual? Recordaba hábitos que aparejados llevaban sonrisas y complicidad. Todo se había esfumado. Y entonces agachó la mirada y reflexionó.

Soñaba con un regreso al pasado sin haber calculado que en realidad nunca había dejado de caminar hacia delante, que el tiempo había ido erosionando aquella visión en color sepia que poco a poco había idealizado y que a cada segundo en que se aproximaba su vuelta en realidad se alejaba un segundo más de lo que su corazón le recordaba.

Cambian las parejas, cambian los amigos, cambian los familiares. Cambian las rutinas, cambian las responsabilidades, cambian las necesidades. Todo cambia, aunque el propio ombligo atraiga la visión de forma constante y uno crea que todo va a seguir igual. Ni que la ciencia o la religión hubieran prometido alguna vez semejante barbaridad.

¿Acaso yo también he cambiado? ¡Qué va! Si sigo siendo la misma persona que hace dos, cinco y quince años. Lo único es que ya no practico el mismo deporte y ya no me divierto de la misma forma y con las mismas personas que hace un tiempo. Además, los años pesan y se notan. Pero por lo demás, todo igual.

Cambian mis sentimientos, los que me vinculaban más a unas personas que a otras. Cambian los ejes que definían mis estructuras familiares y aunque los que ya no están siguen ocupando un espacio del corazón, este, sabio y veterano, hace hueco a nuevos inquilinos. Cambian mis prioridades para divertir mi mente y cambian mis ojos para comprender mi mundo.

Y entonces levanté la mirada y comprendí. Sentí que el amor por los demás, el amor por mi mundo y el amor propio se veían expuestos a cada instante a cambios que, voluntaria o inconscientemente, se producen irremisiblemente. Y entonces dejé de pensar en el regreso para empezar a hacerlo en el mañana. Y entonces viví.

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