La anciana invisible que nunca sería olvidada

“Está loca”, decía un joven serio. “Podría matar a alguien”, lamentaba una señora que se encontraba a apenas un par de metros de distancia. “Vivirá sola”, se compadecía una chica con resignación. “¡Pobres vecinos!”, exclamaba una adolescente mientras sonreía a su pandilla.

Los chismorreos se encadenaban entre cruces de miradas sorprendidas. El jolgorio que anticipaba el encendido de la iluminación fallera se interrumpió, como cuando el terremoto aéreo final de una mascletà llega precedido de unas décimas de segundo de silencio que permiten asimilar el terremoto terrestre recién sentido. Y entonces un vertido de agua exasperó de nuevo a quienes asistían atónitos a aquel comportamiento de la anciana vecina.

Los fragmentos de los objetos arrojados al vacío se empapaban al tiempo que los más curiosos desafiaban la ira de aquella mujer y se acercaban con cautela para tratar de identificarlos: ¿una botella?, ¿un recipiente rellenado con algún material más solido?, ¿detergente?… “¡Quién sabe qué es eso, pero tiene pinta de poder hacer daño si te dan con eso!”, sentenciaba una madre al tiempo que apartaba con un brazo protector a su hijo pequeño.

No ha vuelto a ser lo mismo caminar por esa acera para entrar en el supermercado. Como cuando alguien que hasta ahora había pasado desapercibido de repente se manifiesta ante los ojos de todos y reivindica su presencia con una fuerza que impide que alguien mire a otro lado. Ya es difícil pasar por debajo de su balcón y no alzar la mirada a la espera de no encontrarla allí. Y, aunque no esté, uno pasa rápido ante el temor de recibir el golpe de algún objeto que caiga a la calle como en aquella noche de fallas.

Pero de repente todo vuelve a su estado inicial y el temor se desvanece. Un aséptico cartel indica que esas paredes que acogieron durante un tiempo a aquella enigmática anciana están a disposición de quien quiera hacerlas suyas. Y tras leerlo uno se da cuenta de que no todo vuelve a su origen. ¿Acaso antes no pasaba uno por allí como por cualquier otro sitio de la ciudad? ¿Y ahora? Ahora, aunque ya no esté ella, es inevitable mirar hacia donde un día decidió mostrarse al mundo para que en días como hoy el mundo la recordara.

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